viernes, 11 de junio de 2010

Todos a sus puestos.


Su orquesta silenciosa respondía únicamente a los movimientos de su batuta.

Estaba acostumbrada a mantener un orden estricto en todo aquello que era de su incumbencia. No pertenecía a ese tipo de personas atraídas por el
factor sorpresa o el elemento intrigante. Para ella, la pérdida de equilibrio suponía el caos y el desconcierto, y por ello no contemplaba la posibilidad de que sucediera cualquier cosa.

Era capaz de mantener su estructura inamovible plenamente controlada hasta que apagaba la luz de la mesita de noche. Con la oscuridad llegaba el sueño; con él, la pérdida de conciencia; y consecuentemente, la plena libertad.

Los instrumentos obedientes de la orquesta muda dirigida por su férrea autoridad, se rebelaban por las noches para crear sus propias melodías. Los ritmos coherentes se transformaban en estridencia, en electricidad, en aceleraciones frenéticas y estimulantes. Y, sólo por las noches, en la profundidad de su letargo, esa danza inconexa e irritante conseguía seducirla y hacerla estremecer...

Lo.

2 comentarios:

Alberto Flecha dijo...

Me encanta tu blog, quienquiera que seas. Escribes sencillo y directo. Sigue así. Enhorabuena.

Lebrab dijo...

Me encanta tu estilo.
Directo.Racional y emotivo.
Sigue escribiendo.
vas a enganchar a un montón de lectores.