Aquella mañana había preferido ir caminando. Era agradable pasear por las calles cuando las tiendas todavía estaban cerradas y el café, recién hecho.Sonreía porque sí; porque a juzgar por lo que veía, la prisa iba unida a las caras largas y a las legañas; porque el mundo a esa hora parecía triste, deprimido y gris.
Pero a ella le apetecía que se le quedaran los dientes fríos.
Lo.

1 comentario:
Este microrrelato, además de tener un buen ritmo, celebra uno de los mejores efectos que puede lograr, a mi juicio, una pieza de este género: terminar en agudo, es decir, cargar su potencia emotiva al final (ojalá que en la última palabra). En este caso, eso se logra a través de ese extraño deseo de que se le quedaran los dientes fríos.
Enhorabuena,
PABLO GONZ
Publicar un comentario