lunes, 28 de junio de 2010

Sin salida.

No conseguía encontrar la salida. Ni siquiera sabía cómo había aparecido en ese lugar. Agitada y nerviosa, daba vueltas por la estancia buscando una vía de escape. El agobio y la fatiga le impedían respirar con facilidad. Se le cerraban los ojos, y, aturdida, se golpeaba contra los muebles y las paredes que llenaban aquella opresiva habitación sin salida.

Cuando ya prácticamente había perdido la conocimiento, sintió cómo un golpe seco, rápido y enérgico terminaba con la poca consciencia que le quedaba. Tumbada boca arriba sobre el suelo, agotada y rendida, vio como se apagaba la luz.

-Maldita mosca.

Lo.

4 comentarios:

Claudia Sánchez dijo...

Simplemente genial. Me encantó!
Saludos!

Lebrab dijo...

Genial!!!!!!!!

Adivín Serafín dijo...

Un micro echo de aire, el aire ausente para la mosca.

Blogsaludos

Pablo Gonz dijo...

Un buen micro en el que incorporas, con fuerza, dos elementos muy interesantes (la narratividad que se impone a la contemplación y la sorpresa que se impone al ritmo llano). Se ve una expansión de tus intereses literarios.
Un abrazo,
PABLO GONZ