martes, 15 de junio de 2010

Llueve.


Llovía tras la ventana. Desde hacía cuatro días, las gotas de agua repiqueteaban contra el cristal creando un monótono murmullo de fondo.
Esta melodía incesante sólo se veía alterada por los truenos que constituían el clímax sonoro, las notas doradas del pentagrama.

Ella caminaba descalza de un lado a otro sin nada que hacer. Estaba cómoda, recluida entre las cuatro paredes que recogían 32 metros cuadrados de libertad contenida. Se sentía protegida por su caja de cartón, sabiendo que afuera, el cielo rugía como reclamando su regreso a la realidad.
Cuando se cansaba de deambular por salón, cocina, baño y dormitorio, se sentaba en la butaca frente al balcón y desde ahí observaba a los pocos valientes que esquivaban charcos y que agarraban sus paraguas intentando evitar que el viento se los llevara de un soplido.

Ellos, los que correteaban escondidos en capuchas, nunca serían felices encerrados en la seguridad de su hermetismo. Ellos, los que se atrevían a respirar aire mojado, nunca apreciarían el placer de pasear descalzos por encima de su propia soledad.

Lo.

2 comentarios:

Pablo Gonz dijo...

Hola de nuevo, Paloma. Y de nuevo asombrado. Te invito a que lances tres de tus micros (los tres últimos, por ejemplo) en el Vendaval de micros 2010 que se celebra el próximo domingo. Hay una comunidad de microrrelatistas que disfrutarán mucho con ellos, te lo aseguro.
Un admirado abrazo,
PABLO GONZ
Esta es la dirección para más detalles...
http://vendavaldemicros2010.blogspot.com

Isabel González dijo...

Sólo he leído "Llueve" pero me ha parecido magnífico. Volveré.

Gracias por visitar mi blog

Yo como Pablo también te invito a que los lances