En el núcleo de una aleación de azules enfrentados, se enredan dos pieles que han dejado sus cáscaras al Sol, olvidadas en el puerto. Los dientes y los labios luchan, y los brazos se concilian en resistencias entrelazadas. El balanceo inalterable no cesa y acompaña a cuatro ojos boquiabiertos que pueden, a un tiempo, mirarse y mirar de frente a la cara oculta del mundo.
Cuerpos afortunados que se mecen al otro lado... en el punto donde todo confluye y los insomnios de alambre no existen.
Lo.
1 comentario:
Muy bien, Lo, muy bien. Apetece seguir leyendo más.
Por cierto, ya en la tercera línea he visto cómo cabeceaba la proa del barco de la foto. Buen truco. Muy visual.
Saludos.
P.
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