jueves, 9 de septiembre de 2010

¿Cuestión de distancia?

Estaba cansado de echarla de menos desde el otro lado del mundo, así que hizo la maleta, recorrió la distancia que los separaba y se sentó frente a ella a escucharla, a contemplarla y a seguir echándola de menos.
Lo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Tiempo libre.

Me sobran horas para perderme en las manchas de humedad del techo. Componen formas inauditas, que acaparan mi atención durante minutos que parecen semanas. Tengo todo el tiempo del mundo, y lo empleo en envolverme en las sábanas arrugadas y en abrazar cojines buscando la hospitalidad de una postura. La música de fondo jamás se silencia, y si lo hace, sigue sonando en mi cabeza. El suelo es una manta de libros abiertos. De vez en cuando estiro el brazo, escojo uno al azar y hojeo alguna página amarillenta, pero me canso enseguida y le devuelvo su labor de alfombra de papel. No he vuelto a hablar ni a subir la persiana. A veces cierro los ojos sin llegar a dormirme nunca. Me pierdo en ese duermevela desconcertarte, del que despierto confundiendo sueño y realidad. (¿Existes?) Me deleito en mi propio aburrimiento, quejándome y maldiciendo la que ha sido mi elección.

Al fin y al cabo, ¿qué hago aquí si el mundo sigue girando fuera?
Pero, ¿qué haría yo en un mundo que sigue girando si hace tiempo que he optado por detenerme?

Lo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Sobran.

Cuando las miradas confiesan pensamientos y el silencio reina, sobran todas las palabras. Se derriten las letras al calor de tus mejillas y se convierten en la conjunción perfecta entre sonrisa y oscuridad. Es entonces cuando nuestras respiraciones sofocadas se evaporan y se escapan a través de un agujero en la pared. Adiós. Nos quedamos ante un solo ojo, ante pulmones vacíos e intenciones repletas de secretos.

Hemos mordido la manzana y ahora, sobran todas las palabras.

Lo.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Entre líneas.

Resulta que hoy me he puesto a dibujar y sólo he podido trazar siluetas. El lápiz se empeñó en recorrer el papel dejando tras de sí líneas estrechas y neutras. Y nada más. Líneas insípidas.
Quise sombrear algunas partes, e incluso darles un toque de color, pero no he sido capaz. Porque mi mano se negó, y no hay quien la haga entrar en razón cuando se pone así de terca. Le pedí un par de veces que no fuera tan tozuda, que me dejara hacer las cosas a mi manera, pero dijo que no, que no y que no. Lanzó el lápiz contra el suelo y acto seguido corrió a esconderse en el bolsillo de mi rebeca.

No entiendo por qué sólo dibujo contornos vacíos e insustanciales, que no dicen nada, que no cuentan todo lo que guardo aquí. ¿Será que la mano izquierda se está vengando? Estará dolida porque no le permito acariciar con ternura, porque no la dejo conocer pieles templadas y apretar con devoción otros dedos entrelazados. Y ahora ha decidido reunir toda esa frivolidad, plasmarla en un folio en blanco y negarle la libertad a mi lápiz 4B.

A ver cómo hacemos las paces...

Lo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Salto al vacío.

Se levantó de la cama como un autómata, sin esperar a que el despertador rompiera sus sueños con su chirriante grito. Sin ponerse las zapatillas, sin cambiarse de ropa, sin pasar por el cuarto de baño, se dirigió a la puerta de entrada y la cerró tras de sí dejándose las llaves dentro.

Caminó descalza sobre el suelo mojado, manchándose los pies de barro y salpicando a cada paso la puntilla inferior de su camisón de raso. El cielo medio dormido se había olvidado de acostar a la Luna.

El día fue transcurriendo sin que el caminar mecánico se detuviera. Miraba al frente, manteniendo los ojos fijos en algún punto del paisaje, sin apenas parpadear y sin molestarse en apartarse el pelo de la cara cuando éste se rebelaba y se enredaba en sus pestañas.

Llegó la noche, pero no lo hizo acompañada del punto final, ni siquiera de una coma aliviante. Los pies continuaron moviéndose uno tras otro, sin perder el ritmo coreografiado.

Sin pausas, sin descansos, sin paréntesis.

Las hojas amarillas se cayeron, muchas parejas de besaron, algunos niños nacieron, unas cuantas bombillas se apagaron, hubo quienes aplaudieron y quienes fueron al tanatorio con flores.
Y, mientras tanto, ella seguía caminando.

Alcanzó su destino un nublado día D a la hora H. Un día de esos que se señalan con un círculo rojo en el calendario de la cocina.

Llegó a Ninguna Parte, a ese lugar donde se acaban las superficies y dejan de funcionar los motores. Logró alcanzar el Vacío, el punto donde nada existe, donde el negro es negro y no brillan los colores.
Colocó los dedos de los pies al otro lado de la línea, doblándolos hacia adentro como hacen las gárgolas que no se quieren caer de la catedral de Notre Dame. Vértigo. Cerrando los ojos, apretando los puños y flexionando las rodillas, se impulsó para saltar.

-Hace mucho que no vienes por aquí. - La Nada le dio la bienvenida.
-Me he cansado de Todo y he venido a buscarte.

Lo.